Me dirigía a Denia a representar una obra de teatro, llamada los siete pecados capitales. Cuando llegamos había un refrescante aroma a playa.
La iglesia era pequeña por lo que hedía a cerrado. Hubo dificultades para realizar la función debido a que una muchacha apestaba a sobaco.
En el descanso salimos a respirar el aroma de las flores y con tanto frescor Sandy una actriz con perfume de coco se chocó con un cristal, que olía a lejía y que no había visto.
Un señor que apestaba a perro muerto y cuyo bigote olía a huevo podrido, le dijo:
¡Tranquila, eso le pasa a cualquiera!
jueves, 5 de febrero de 2009
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